
Cuando llega el invierno, la oficina se vuelve incómoda: el aire está demasiado seco y frío. La productividad disminuye, se propagan los resfriados, y todos se sienten como si estuvieran un paso atrás en su rendimiento. Los sistemas de calefacción por aire fuerzan la circulación del polvo y generan ruido; además, hay que esperar a que toda la habitación se caliente. Un calentador infrarrojo, en cambio, actúa directamente sobre las personas, sin afectar al aire. Comienza a proporcionar calor tan pronto como se enciende.
Lo que es importante desde el punto de vista técnico
El calor infrarrojo es directo. Un elemento de cuarzo o fibra de carbono alcanza la temperatura deseada casi de inmediato, emitiendo calor radiante que afecta primero a las personas y a las superficies. No es necesario calentar todo el volumen de aire para sentirse mejor. Por eso, se nota la diferencia en segundos, no en minutos.
La mayoría de estos calentadores funcionan con una toma eléctrica estándar de 120 V, consumen 1,5 kW y calientan áreas específicas de entre 150 y 200 pies cuadrados, dependiendo de la altura del techo y del nivel de aislamiento. La ventaja es que se puede controlar localmente el calor: solo se calientan los lugares donde sea necesario, y no todo el edificio.
Por qué funciona bien en una oficina
La comodidad no es algo opcional en una oficina; es clave para mantener un buen rendimiento. El calor radiante evita que los suelos y escritorios se conviertan en bloques de hielo, por lo que las personas no se ven interrumpidas por el frío. El calor constante también ayuda a mejorar la circulación sanguínea y reduce la tensión muscular, lo que ayuda a aliviar el estrés acumulado durante un día largo.
Dado que el calor infrarrojo calienta directamente a las personas y objetos, ayuda a reducir las fluctuaciones de temperatura causadas por los sistemas de calefacción y ventilación. Así, hay menos corrientes de aire repentinas y menos aire seco, condiciones que pueden facilitar la propagación de resfriados en invierno. El resultado práctico es menos interrupciones, mayor concentración y un equipo que puede seguir trabajando eficientemente.
Qué tener en cuenta
Los calentadores infrarrojos son fáciles de instalar: basta con conectarlos y colocarlos de modo que cubran bien la área deseada. Pero es importante elegir la ubicación adecuada. Mantenga el calentador a una distancia de 3 a 6 pies de las personas para lograr una intensidad cómoda. Evite que la luz del calentador afecte directamente los ojos. Asegúrese de que la toma eléctrica pueda soportar la carga del calentador. Busque modelos con interruptor de seguridad y protección contra sobrecalentamiento.
En espacios compartidos, opte por calentadores con termostato para mantener un calor uniforme. Recuerde que el calor infrarrojo calienta las superficies y las personas, pero no el aire. En habitaciones muy grandes, combine el calentador con una leve circulación de aire para distribuir el calor de manera más uniforme.